QUÉ ES LA PSORIASIS

La psoriasis es una enfermedad crónica de la piel que ocurre en alrededor del 1% de la población y afecta a ambos sexos por igual. Puede aparecer a cualquier edad, pero en más del 70% de los casos lo hace antes de los 30 años.

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    Se presenta típicamente como lesiones rojas, circulares, descamativas y a veces puede causar mucho picor. Normalmente cursa a brotes, es decir periodos en el cual la enfermedad se exacerba y periodos en la cual está más controlada. Por esta razón el tratamiento no es curativo, sino que está enfocado en mantener la enfermedad controlada, si es posible, sin brotes.

    ¿Por qué se produce?

    Se ha visto que la psoriasis tiene una cierta susceptibilidad genética, es más, si uno de los padres la padece, el riesgo de los hijos es del 10%, mientras que si la padecen ambos, más del 40% de los hijos la sufrirán.

    Sobre esta base genética actuarían unos factores desencadenantes como algunas infecciones por estreptococos, estafilococos, VIH o cándidas, traumatismos (fenómeno de Koebner), algunos fármacos como los β-bloqueantes, el litio, los antimaláricos y determinados antihipertensivos, y también el estrés.

    Etiopatogenia

    Las células de la piel se descaman con gran rapidez debido a una hiperproliferación celular.

    La psoriasis está mediada por mecanismos inmunes con una base genética y en la que intervienen factores ambientales. Se produce una respuesta inflamatoria excesiva por varios mediadores como el TNF-alfa. Existen factores desencadenantes de diversos tipos:

    Físicos, como los traumatismos
    Infecciones víricas o bacterianas
    Medicación: betabloqueantes, inhibidores del ECA, litio, antimaláricos entre otros
    Estrés emocional

    ¿Cómo prevenir la psoriasis?

    Para prevenir los brotes se recomienda el tratamiento precoz de las infecciones (en especial las amigdalitis), evitar los traumatismos, incluyendo el rascado, ya que estos traumas pueden inducir la aparición de nuevas lesiones. También se recomienda evitar el estrés y la ingesta de algunos medicamentos el litio, los betabloqueantes, los antipalúdicos, los AINEs y los corticoides sistémicos. Entre los brotes, como tratamiento de mantenimiento, se recomienda mantener la piel hidratada aplicando emulsiones hidratantes diariamente. En algunos casos es necesario utilizar entre brotes cremas de tratamiento sin corticoides, como los análogos de la vitamina D para mantener en control la enfermedad.

    Mis experiencias como dermatólogo especialista en psoriasis

    La psoriasis es una de las patologías en las que he invertido más esfuerzo y dedicación.

    Hasta hace poco los dermatólogos teníamos la percepción de que no podíamos hacer mucho frente a una dermatosis que respondía mal a los tratamientos tópicos y sistémicos, y que tenía un curso impredecible. Los pacientes se sentían muy afectados, como si se tratase de una enfermedad bíblica.

    En mis años de residente en Dermatología, durante unas vacaciones en Londres, tuve la oportunidad de aprender un tratamiento que ofrecía resultados satisfactorios. Conocido como de Goekerman, consiste en aplicar un tar (alquitrán) y radiar con rayos UVB (311nm). A mi regreso, convencí al catedrático del Hospital Clínico de Barcelona, el profesor Piñol Aguadé, y a mi padre, que tenía su despacho en la Clínica Corachán, de que debíamos introducir el tratamiento en nuestro país. Así importamos las primeras lámparas camillas.

    En esta época se iniciaba la fotobiología en Dermatología; de hecho, pocos años después irrumpió la fotoquimioterapia o PUVA, que consiste en asociar la toma de psoralenos orales con la radiación mediante rayos de longitud larga (230 nm). Este tratamiento consigue resultados inéditos en psoriasis recalcitrantes y extensas.

    Como parte de mi formación, en esa misma época estuve en la Clínica Mayo, en Estados Unidos. Mi vuelta a Barcelona coincidió con otro avance estrella, los retinoides orales derivados de la vitamina A.

    En el Hospital Sagrado Corazón organicé la Unidad de Psoriasis, cuyos tratamientos eran en su mayoría ambulatorios y que, junto con el Hospital de Sant Pau, fue pionera en España en puvaterapia.

    Este tratamiento requiere utillaje de alto coste, como las cabinas Waldman alemanas, de las cuales se continúan desarrollando nuevos modelos con diferentes longitudes de onda, como las ultravioletas RUVB de banda estrecha. A diferencia de la PUVA clásica, la puvaterapia (para psoriasis) no requiere la administración de psoralenos. Por este motivo supone ventajas importantes. Por ejemplo, no precisa de protección ocular frente a los rayos ultravioletas durante el día y no produce molestias digestivas.

    Los tratamientos tópicos continúan siendo la primera opción para la psoriasis localizada. Hoy en día se han ido descubriendo nuevas moléculas, como los derivados de la vitamina D, corticoides potentes o inmunomoduladores biológicos (tacrólimus), que consiguen blanquear áreas antaño resistentes, como el cuero cabelludo, los pliegues, las uñas, etc.

    En estos casos, nosotros y nuestros colaboradores realizamos formulaciones tópicas personalizadas en las que asociamos diversos principios activos que potencian su eficacia en comparación con los preparados comerciales. Esta diferencia se debe a que los preparados comerciales usan excipientes muy rígidos y un solo principio activo por preparado, lo que resta eficacia en determinadas localizaciones. Por ejemplo, cuero cabelludo, pliegues, uñas, placas gruesas en codos y rodillas, etc.

    Hoy sabemos que se trata de una enfermedad inflamatoria crónica de etiología autoinmune. Antaño conocíamos una parte del mecanismo: la hiperproliferación de los queratinocitos y la alteración de la diferenciación epidérmica. Por eso administrábamos a los pacientes Metotrexate (Citóstatico antiproliferativo) y conseguíamos resultados eficaces a pesar de que por aquel entonces desconocíamos que los linfocitos T, los macrófagos y las diferentes citocinas (ILK) son los principales actores de la fisiopatología de la enfermedad. La psoriasis, así como otras enfermedades autoinmunes, se beneficia de los tratamientos biológicos que inhiben las citocinas (TNF-alfa) o los anticuerpos monoclonales que actúan en otras dianas de interleukinas.

    Los fármacos disponibles actualmente para el tratamiento sistémico son el metotrexato, la ciclosporina A, los retinoides, la fotoquimioterapia (PUVA) y los nuevos agentes biológicos. Cada uno de ellos tiene sus indicaciones y sus contraindicaciones.

     

    Dr. Pablo Umbert Millet dermatólogo y dermatopatólogo Barcelona

    Dr. Pablo Umbert Millet

    Director del Instituto Pablo Umbert · Dermatólogo y dermatopatólogo

    El Dr. Pablo Umbert es uno de los grandes referentes en dermatología clínica, dermatopatología y cirugía micrográfica de Mohs en España. Con más de 30 años de experiencia, una trayectoria internacional en la Clínica Mayo y el Hospital Saint-Louis de París, y más de 100.000 biopsias firmadas, sigue en activo como profesor emérito en el Hospital Universitario Sagrat Cor, donde supervisa casos clínicos y forma a nuevas generaciones de dermatólogos.